Uno de los libros que he
leído recientemente, recomendado por un amigo psicólogo, ha sido “La sabiduría
recobrada” de Mónica Cavallé (Ed. Kairós). El título salió a colación mientras
hablábamos del plagio de una importante cantidad de páginas que hizo el autor
estandarte del positivismo poco o nada ilustrado de nuestros tiempos, Jorge
Bucay.
Este ensayo cuenta con muchos
puntos a favor y pocos en contra, a diferencia de obras de autores
especialmente de moda como el mecionado Bucay, Jodorowsky o Coelho, donde toda
la realidad es envuelta en bonito papel de regalo. Y en eso queda, en unos
segundos de encanto, como alumbrados por una paz que proviene de una ilusión de
rápida disolución. A mi entender, el lector necesita algo más que consejos con
los que reencontrarse –porque paradójicamente, también una vez nosotros hicimos
acopio de un montón de ellos para ofrecérselos a un amigo-.
Cavallé, filósofa española no
tan conocida como quizás sí lo sean otros compañeros de profesión nacionales
como Savater, trata de enfocar la filosofía de los presocráticos como terapia.
Es decir, intenta que el lector comprenda los inicios de la filosofía como
forma de visualizar la realidad y no como una mera sucesión de teorías
especulativas como le ocurrió a la filosofía más tarde. Lo que distingue a esta
forma de pensamiento, claramente vinculada a algunas corrientes orientales y
muy en forma debido a la coherencia con la que concibe la realidad, es la no
dualidad. En el mundo occidental, especialmente, la dualidad o el concepto
mental es el filtro a través del que contemplamos. Observamos nuestro entorno
sin siquiera suponer otro método menos engañoso, la no dualidad, la uniformidad
de las cosas. El logos de Heráclito, el Tao, son la existencia, la vida, Dios,
el conjunto, que se compone de una estructura y un contenido originados para
ser indisolubles. Acuñar las imágenes del reverso y el anverso de una moneda es imposible sin la propia moneda. De este modo, el amor no existe sin
el odio, sin el dolor, la guerra no existe sin la paz, la felicidad no es sin
melancolía, no hay vida sin muerte. Un mundo de contrastes y contraposiciones
dentro del cual se halla también el alma del ser humano.
Visto desde esta óptica no
relativista, no nos engañemos, ese “todo” o “Logos” es más llevadero,
comprensible y conduce hasta la aceptación ya que como recupera el Mindfulness,
nuestro bienestar depende del modo orientado a ser y no a la acción, como
ocurre cuando deseamos que ocurra algo y no sucede sencillamente porque no debe
ser , según una inteligencia suprema. Antes de acometer la acción, se nos sugiere el cambio, aprender a ser conscientes del ser.
Pudiera parecer que filósofos
no especulativos como el ya mencionado Heráclito, Emmerson, Kierkegaard o Nietzsche, fueran personajes que experimentaron cierto
desapego de la lucha y conquista del ser humano sobre la naturaleza y las
circunstancias, pero no es así. Una de las ideas con las que más se mercadea
para conseguir un cambio de actitud en la manera de vivir y hacer las cosas, y con la que no estoy enteramente de acuerdo es:
“Lucha por lo que quieres, por lo que sueñas”. Procede de la mejor de las intenciones, sin duda.
Pero no puede haber lucha sin una transformación previa. No se trata de saber
cómo hacerlo e intentarlo. Debemos intentarlo una vez asumidos determinados
presupuestos que son ajenos a lo conocido hasta ahora, la filosofía habitual.
Cavallé expresa
de este modo las diferencias entre la citada filosofía o sabiduría auténtica y
la sabiduría que permite avanzar en una sola dirección e impide retroceder:
- El sabio desnuda la verdad; el filósofo sin sabiduría la recubre, la empapela con palabras
- El sabio dice lo más profundo del modo más sencillo; el filósofo sin sabiduría dice lo más simple del modo más complejo posible.
- El sabio nos deja con los pies y el corazón calientes y con la cabeza fresca, serena; el filósofo sin sabiduría nos deja con los pies y el corazón fríos, y la cabeza caliente.
- El sabio es aquello que conoce; el filósofo sin sabiduría se aferra a aquello que dice conocer.
- El sabio pone su confianza en la visión; el filósofo sin sabiduría, en la razón.
Además podemos encontrar
transcripciones de textos de famosos filósofos de la antigüedad, tanto
occidentales como de la escuela taoísta, que van a parecernos, a menudo, harto
familiares, puesto que han sido copiados por pensadores mass media, por
llamarlos de algún modo, que gozan de una fama excelsa y no precisamente por méritos
propios, como ya he mencionado al principio del presente artículo. Un capítulo
destacable que nos recordará muchísimo a los cuentos de Bucay es el dedicado a
la parábola de F. Nietzsche: El
león, el camello y el niño, las tres transformaciones del espíritu.
En definitiva, un
libro altamente recomendado porque aunque no sea de fácil digestión, como se
nos viene acostumbrando, presenta corrientes de pensamiento que no han llegado
hasta nosotros a través del tradicional sistema educativo. Recursos novedosos
con los que recuperar una cosmovisión más sostenible.





